HAY
UN BARCO RACISTA EN EL MARE NOSTRUM (y
2)
Desconozco
qué habrá sido del C-Star, el barco
tripulado por racistas que se dirigía al Mediterráneo en busca y captura de
migrantes o de quienes aspiran a obtener refugio en Europa. Tal vez se le haya
dado el alto, impidiéndole así continuar adelante con sus siniestros propósitos,
no sé.
Podría parecer inconcebible su existencia,
por fugaz (¿?) que fuera. O sentir la tentación de considerarla una
excrecencia, un tumor surgido en una sociedad sana, a extirpar y ya está. Muerto
el perro, se acabaría la rabia. Pero es de temer que las cosas no sean tan
sencillas. La pregunta sería cómo es posible que aparezca semejante horror en
el aquí y ahora que vivimos. O, dicho de otro modo, esos individuos ¿están
solos o constituyen la punta visible de un iceberg de dimensiones mucho
mayores?
Un dato poco tranquilizador: según sus
propias declaraciones, los cien mil euros que necesitaban para fletar el buque
los consiguieron mediante suscripción pública. O sea, que estos desalmados no
se cuentan únicamente por decenas. Admitamos, sin embargo, que, aunque tengan
detrás a unos cuantos miles de mentes enfermas, no pasan de ser una exigua
minoría en un continente poblado por millones de personas (507 en la Unión
Europea). Lo verdaderamente preocupante aparece, no obstante, si consideramos
otra cuestión. A esos indeseables les
conviene, más que a nadie, la máxima que enunciara en su día Ortega y Gasset:
“yo soy yo y mi circunstancia”.
Dondequiera que pueda arribar una patera, se
levantan vallas, se ponen en funcionamiento radares y policías, se persigue a los
que lleguen, se les encierra en centros de internamiento que en poco o en nada
envidian de las cárceles. Proliferan los muros que impiden la libre circulación
a quienes peregrinan por nuestro continente en busca de un país que los acoja y
les permita laborar por una vida mejor. Últimamente, incluso se hostiga a las
ONGs que evitan muertes en el Mediterráneo.
No
nos llamemos a engaño, ni miremos hacia un único punto. Con ese caldo de
cultivo, el C-Star viene a ser como la espuma de las olas cuando llegan a las
playas. Una espuma sucia, desprovista de toda estética que no sea la de lo feo,
porque el agua de que proviene está contaminada.
No olvidemos que Hitler se hizo con el poder con el respaldo de las urnas, ni los triunfos, perfectamente democráticos de personajes de extrema derecha en países de lo más civilizado (¿?). Por desgracia, no son granos purulentos en un cuerpo sano; son la manifestación externa de una podredumbre interior hecha de insolidaridad, egoísmo, arrogancia... y no quiero agotar el diccionario de estulticias.
ResponderEliminarUn beso.
Totalmente de acuerdo, Rosa.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo