jueves, 12 de junio de 2014

PARADOJA PSOE

El Partido Socialista se decanta por la Monarquía, eso sí, sin perder sus esencias republicanas. Solo que estas últimas son de naturaleza espiritual y, como tales, invisibles.
   Es mejor sistema la República, pensarían los diputados socialistas, y, a continuación, votaron uno tras otro la ley de abdicación, que posibilita la entronización del nuevo rey. A lo mejor alguno se desmandó, diréis. Y sí, hubo alguna desobediencia que, en todo caso, fue menor, una abstención y un par de ausencias, no un no o un sumarse a la petición de referéndum, qué menos en asunto de tanta trascendencia.
   Disidencias, las justas, y, además, penalizadas. No se concede libertad de voto, pese a tratarse de una cuestión donde la conciencia de cada uno debería primar. Se pretende unanimidad en el rebaño, que no haya oveja negra a la vista que contradiga la voz de mando de los mayorales. Sobran dedos en una mano para contar el número de quienes en el patio socialista, si no votan como sus compañeros, callan al menos para manifestar su discordancia.
   De facilitar tal imposición se encarga el sistema electoral vigente, de listas cerradas, que, si fueran abiertas, cada diputado sería dueño de sí mismo, y decidiría según su pensamiento se lo demandase, o sus electores, y no siguiendo los dictámenes del partido. Y, en tal caso, tal vez, otro gallo cantaría.
   Luego se quejan. 

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